miércoles, 2 de enero de 2013

Azul turquesa: La nota.

-¿Catherine? ¿Por qué haces esto? ¿Catherine?- Estaba cayendo en ese momento. ¡Sentía vértigo! Sabía que me dirigía a la penumbra profunda. Sabía que
 esa caída sería mi final. No podía más que esperar el golpe, morir de miedo sería demasiado para mí. Prefería morir de dolor. ¿Cómo pudo Catherine lanzarme? ¿Habrá sido un accidente?

Veía cuervos negros mientras descendía, mi viaje sería largo. No sé de qué altura había sido lanzado, pero seguía sin poder vislumbrar el suelo. Y la oscuridad se hacía más aquesible. De pronto entró una neblina profunda, helada y misteriosa. Te hacía sentir en un lago, esa sería mi opinión. Un lago helado, donde nos gusta bailar en el hielo que se profana en las navidades. Haría un mejor efecto si imaginamos bastantes árboles alrededor de ellos, pelones, sin hojas, sin animales, todo vacío. Con una Luna podríamos encontrar esa neblina más parecida. Luna llena. Una nube gris grande. La neblina sería lo que emanaría del ambiente descrito.

¿Qué sería esta neblina? ¿Qué emoción me causa? ¿Qué recuerdo? Ya sé. Ahora lo siento. Fue algo que me dijo Catherine, hace tanto tiempo. Una tarde... Una tarde...

-Amor, ¿cómo vez esto? ¡Oh, mira corazón! ¡Mira esto! ¿Qué tal se ve...? ¿Y este?-
-Amor, ya he dicho que se te ve maravilloso. ¿Por qué no llevas éste?-
-No, no, necesitamos uno rosa. Va a ser niña. Una niña necesita ropa de niña... ¡Aw! ¿Ya viste este? ¿Y mira este gorrito?-
-¡Tienes razón! ¿En qué estoy pensando? ¿Ya viste este amarillo?- Sentía que ella ahora quería tomar el control. Pero se veía tan feliz. Estaba tan ilusionada. Realmente era el último momento donde quería tener problemas con ella. -¿Necesitamos mamilas? Permítete ir por algunas.-
-¡Sí, amor! ¡Corre! ¡Corre!- Decía con voz de niña pequeña, y corrió y me dijo: -¡Yo te amo!- Y soltó un beso lento y suave sobre mi mejilla.
-Jeje, también te amo- Le dije mientras la tomaba de la cintura, y aprovechando la inercia, la giraba para besarle en su boca.

Caminé hasta las mamilas, mientras pensaba en lo maravillosa que sería la boda. Un vestido blanco, mientras caminaba al altar, se ve muy bello su cabello negro saliendo  un poco por el velo de novia. ¿Escuchan eso? Es la marcha nupcial tocada entre violines y violanchelos. El aroma de cada una de las rosas que se encontraba en un florero en cada uno de las bancas acojinadas donde se encontraban los invitados. Mira la alfombra vino, con bordados negros haciendo una espiral interna como habíamos acordado. Por ahí está caminando. Dos niños vestidos de negro, con un lindo moño negro mate. Peinados de la misma manera. Cada uno sostiene una punta de la cola del largo vestido. Serán tres metros de distancia. Ella se ve preciosa, con sus zapatillas que dejan verle los dedos. Su vestido deja verle por debajo de la rodilla por delante, pero por detrás está cubierto. Parece un corpiño muy elegante, le permite ver los hombros. Tiene un cinturón, de hecho es un listón que gira en una ligera diagonal desde su cintura derecha hacia la cadera izquierda. El bordado. Espiral interna en su vestido. Con una flor al centro de cada uno. A lo mucho veré tres, pero hay algunos más pequeños sin flor.

Llegó de la mano de su mejor amigo, y me la ha otorgado, siento su mano. Y pasamos delante del atril donde se otorgará la misa. Estando en el altar empiezo a temblar. Tan solo pensar en la iglesia ahora me da miedo. Es un monstruo. -El padre ha comenzado a hablar.- Frente a mi un cristo crucificado. A lado la virgen María. Y al derecho un San Pedro, esta imagen, su mirada es hacia abajo, como juzgándome. Como pensando que hice algo más, sus manos juntas con las que intenta disimular la serenidad y la sabiduría, la realidad no me dan tanta confianza. Pero bueno, ahora que lo pienso, podría pedir a la iglesia que lo quite.
Eso haré.

-Amor- Gritó lentamente Catherine para sacarme de mi pensamiento. -¿Ya vamos a pagar?- Mientras hacía carita de niña enojada.-Quiero que vayamos a la próxima tienda.- Giró su mirada, apretó los cachetes y disimuló sonreír con la boca cerrada.
-Sí, amor. Voy para allá.- Caminé con dos mamilas, mientras veía mi reloj. -¿Cuánto es?-
-Deme 100 por todo. ¿Le doy una bolsa?-
-Sí, por favor. Tome.- Volví a ver el reloj. Y salí con varias prendas de ropa en una bolsa roja de plástico. Tomé de la mano a Catherine, y nos disponíamos a salir. fue hasta que..-

Mira, ya veo el suelo, creo que es mi fin. Disfrutaré de estos últimos segundos, a punto de caer. Será un duro golpe. Mi cabeza se abrirá, y todos seremos felices para siempre.

-¡Ah!- Grité, al darme cuenta que había sido un sueño. Creo que el más raro que haya tenido. -¡¿Qué jodidos? La cama está mojada- Me levanté, y vi la puerta hacia el balcón abiertas. Las cortinas se movían como olas por el viento. -Qué extraño no las dejé así- Me redirigí y entonces las cerré. Debajo vi una nota, una nota que decía. "Tres kilos de huevo, uno de harina y dos de azúcar." -¿Qué?- Fue entonces cuando sonó la puerta. 






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