viernes, 28 de diciembre de 2012

Azul turquesa: En el cuarto.

Tan solo dije unas palabras. Había sido una noche muy difícil. Todos habían escuchado el alboroto de ayer, y hoy todo se estaba convirtiendo en una pesadilla.

Con su cabello negro se paró de la cama mostrando sus largas piernas a la noche. El brillo que entraba por la ventana era suficiente para notar una delgada sombra. El humo de su cigarro ya llegaba hasta mí. No aguanté ni un segundo más.

-¡Catherine! ¡Deja de fumar! ¡¿Qué no te cansas de salir desnuda al balcón?! ¡Imagina qué dirán los vecinos! ¡Catherine!-

De nuevo callada, como lo imaginé. La peor respuesta que puede darme es el silencio. Odio que se quede callada. ¡La odio a ella!

-¡Catherine! ¡Contéstame, perra de establo! ¡Te estoy hablando!-

Entonces movió su mano lentamente de su pierna a la altura de su pecho para señalar con su índice dónde se encontraba; a la vez que entonaba una sonrisa y me veía tierna-mente a los ojos. Ahí fue cuando con una voz 
serena contestó: -Daniel, ¿serías tan amable de pasarme mi encendedor?-

Otra vez, otra vez, otra vez, ¿qué jodidos le pasa a esta mujer? ¿Vacilante? ¿Coqueta? Yo le digo Catherine.

-Claro, amor. Permítete.- Contesté confundido. Era la primera vez que escuchaba que me llamaba Daniel. En ese momento bajé de la cama y caminé hasta el encendedor. Cuando llegué a él, cuestioné otra vez:

-¿Cómo te sientes?-
-De maravilla, creo que hoy recibiré un ascenso.
-¿Enserio? Vaya suena encantador. ¿Qué piensa tu marido?
-Creo que me dijo que deberían pagarme más, no dejó que terminara una frase cuando me interrumpía con una respuesta. Llegué y le dije:

 "-Tuve un día agotador. En verdad estoy devastada
-¡Hey! No te sientas tan mal, la noche es joven. ¿Qué te pasó hoy? - Contestó
- Un vendedor de plaquetas me dijo que podría conseguirme cincuenta litros de sangre por cincuenta mil, pero mi jefe no estaba, entonces estuve llamándole, el pedido se me hizo muy importante así que como no contestaba decidí pedirle al vendedor que esperara mientras buscada al encargado-
-Tú jefe es un pedante, nunca contesta, deberías cambiarte de sección; nunca hace nada  y siempre te trae como sirvienta. No es justo-
-Sí, bueno. Cómo te iba diciendo. Fui a buscar al encargado y resulta que está de vacaciones, así que no me rendí.-
-¿Ves? Siempre como encargada, siempre la última que se entera -"

-Vaya sí que fue difícil para ti esta noche-Le contesté, y le ofrecí mi brazo. ¿Qué más sucedió?
-La realidad me enojé, no me estaba escuchando. Y decidí mejor salir. Así fue cómo llegué a aquí-

Siempre esta mujer sabe cómo escaparse de los problemas, me sorprende que la haya encontrado en una escuela de moda como conserje; en especial para los diecisiete que tenía en ese entonces.
A veces realmente me pregunto, ¿quién es? ¿Quién es Catherine?


sábado, 1 de diciembre de 2012

Estadio inicial: Libertad de expresión

Sin pensar te vistes, tomas las armas que recopilaste en la semana y sales. Te dejas llevar por los sentimientos que un grupo te ha generado. Creas un disturbio y buscas quedar impune.

¿Realmente es una buena solución? ¿Crees que lograrás algo diferente?

Cuestionar si una acción es un dilema ético para cualquiera, y es evidente que defienden un valor ante otro. En el caso de hoy, es la libertad de expresión lo que generó un disturbio.

No necesito palabras complejas para expresar la desaprobación que siento. La vulgaridad pasa a ser una acción, una imagen.

Si piden mi juicio, radica en presionarnos a cultivar una nueva cultura. Dejar a la persona en ignorancia es cometer este disturbio. No hay pretexto: ayuda a la gente.

Queda tu propio criterio: ¿Impresión o realidad? ¿Quién es el verdadero ignorante: el icono o los que pelean contra un icono?